Solo para avisar de que ya llegué. Hace tanto frío que ya parezco un tomate.

Me voy a alojar las primeras noches en el centro de Cancún, en el Nomads Hostel, cerca de la terminal de buses. Pagué 50 € por 4 noches en un dormitorio.

Ayer, con el check-in ya hecho y con la ventaja de las 5 h de diferencia con Portugal, todavía me dio tiempo de coger el autobús local R1 por 12 pesos (70 céntimos) desde el Puerto de Cancún hasta la Playa Delfines.

Por el camino el conductor tocaba el claxon (el claxon es un cable de hierro sujeto en vertical junto al parabrisas) a todo el mundo preguntando si quería subir, y hasta paró el autobús para charlar con un conocido y otra vez para comprar una Coca-Cola.

Hace tanto calor que el conductor tiene un ventilador encima de la cabeza y su asiento es de red para que circule el aire. El autobús también viene equipado con una pegatina de la Virgen y otra que dice que el conductor está vigilado 24 h por su mujer.

La cena después fue en un bar, comiendo nachos y una cerveza local llamada Sol, un bar animado con música en vivo, comida en llamas, magos y gente bebiendo cerveza por un embudo.

Ayer, al llegar a mi hostel, había una noche de salsa y yo, que ya venía con ganas de acostarme después del largo viaje, tuve que aplazar los planes.

El hostel también organiza noche de cine, salidas a la playa y, por la mañana, clases de yoga a las 8:30. Yo no falté y ya marqué mi presencia en la clase de yoga.

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