Por fin llegué a Jaipur después de 1 viaje en autobús por 0,39 €, 2 aviones por 30,40 € y 1 autobús más por 0,25 €.

Ayer mi intuición ya me decía que hoy podía tener problemas con el equipaje y así fue, a pesar de haber comprado la mochila y de haber repartido mis cosas. Hoy hubo más control de lo habitual y me hicieron abrir la mochila y enseñar las cosas 3 veces, una de ellas a la puerta del avión.

Mañana es 26 de enero, una de las principales fiestas nacionales en la India, conocida como el Día de la República. Celebra la entrada en vigor de la Constitución de la India el 26 de enero de 1950, que convirtió al país en una república independiente, con importantes desfiles militares y culturales, especialmente en Nueva Delhi. De ahí el refuerzo de seguridad que se vio hoy, pues vienen jefes de Estado de varios países a asistir al desfile.

En cuanto a Jaipur, la capital de Rajastán, es conocida por ser la tierra de los maharajás y, en consecuencia, está repleta de palacios y construcciones imponentes. Su nombre se debe al color predominante de muchos de sus edificios históricos en el centro de la ciudad. Esa tradición empezó en 1876, cuando el maharajá Sawai Ram Singh ordenó que la ciudad se pintara de rosa para recibir la visita del príncipe Alberto, consorte de la reina Victoria del Reino Unido.

Después de instalarme en mi hostel, fui a dar un primer paseo a pie por la ciudad y acabé parando a picotear en el café terraza Jai Kutir, con vistas al Hawa Mahal, el Palacio de los Vientos, para luego volver en metro al hostel y beber en la terraza una cerveza, que por aquí son grandes, 0,65 l, y luego irme a descansar.

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