Este día me desperté con João y Natalie en casa y, después del desayuno, fuimos a Oporto en tren. João se quedó en Campanhã para coger el autobús a Coímbra y yo seguí hasta São Bento con Natalie.

Al llegar a Oporto, fuimos a sellar la credencial de Natalie, ya que, como conté en la etapa del 1.º día, ella había cogido el metro desde Trindade hasta Sete Bicas, saltándose parte del camino, por lo que decidió cumplir lo que faltaba.

Ella hizo ese salto por una información equivocada de una amiga que había hecho el camino y que también había cogido el metro al principio por haber leído en algún itinerario que la ribera del río Duero hasta la desembocadura no era bonita.

Durante el camino le expliqué que no era verdad lo que le habían dicho y quedamos en que, cuando llegáramos a Oporto, ella haría esa parte del camino, y ahora lo ha comprobado: era completamente falso lo que le habían dicho.

Así, después de un café junto al tablero superior del Puente de Dom Luís, iniciamos la caminata cruzando el puente hacia Gaia para ver las vistas y luego bajamos por el puente para volver a cruzarlo por el tablero inferior y seguir por la ribera del río Duero, donde volvimos a parar, ya cerca del Museu do Carro Eléctrico, para una cerveza sin alcohol y un buñuelo de bacalao.

Luego continuamos la caminata hasta la desembocadura del Duero, donde paramos a comer un pescado a la parrilla en una terraza junto al río. A continuación caminamos un poco más hasta la Avenida do Brasil, donde paramos para un último brindis y despedida, que ya se acercaba la hora de que Natalie cogiera el avión de vuelta a casa.

Así termino el diario de mi aventura por el Camino de Santiago de Compostela, fueron muchas las aventuras y los encuentros y muchas las carcajadas y las sonrisas.

El balance es muy positivo y solo tengo que agradecer a todos los que formaron parte de este camino mío, que son João, Natalie, Cláudia, Anne, Christian, Anastasia, Sule, Daria, Mariola, Mira, Sílvia, Benilde y Eve.

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