Hoy tocó seguir el viaje hacia el sur. Estoy en Tulum y llegué aquí en bus colectivo, ya que el carricoche no arrancó y se quedó en Playa del Carmen. En el camino todavía tuvimos derecho a un control de la Guardia Nacional para verificar documentos y estaba todo en orden, así que pudimos seguir todos. Ahora estoy disfrutando del Moonshine Tulum Hostel, que es moderno y que también tiene una piscina en la terraza y que solo me costó unos 10 € por noche en dormitorio. Esta vida de turista no es fácil, son muchas horas diarias dando el callo.

Ahora toca seguir con la aventura, aproveché el viaje en bus para poner al día la escritura y dar señales de vida. En la ciudad de Tulum se anda mucho en bicicleta, porque para quien está en el centro todavía son unos 40 minutos de caminata hasta la playa y las ruinas de Tulum.

Todavía intenté alquilar una bicicleta por 150 pesos por 24 h, pero había que dejar un depósito de 1000 y documento de identidad y no lo llevaba conmigo, pero la charla con la señora fue agradable y quedé en pasar por allí al día siguiente a ver si alquilaba la bicicleta.

Fui entonces a pie a hacer una caminata hasta las ruinas de Tulum y después caminé desde allí hasta la playa. La tarde fue larga y la vuelta grande, así que para volver me paré a buscar un bus colectivo, pero nada, hasta que me crucé con una mexicana llamada Antónia que estaba intentando entrar, con una bicicleta, en la zona de la que yo estaba saliendo, pero a partir de cierta hora ya no dejan entrar a la gente en la zona de las playas de las ruinas. Nos quedamos allí charlando, yo contando de dónde era y demás y ella contando que había quedado en ir con una amiga a buscar su moto, que se había quedado allí averiada el día anterior. Ella me explicó dónde coger el colectivo y nos despedimos, no sin antes pedirme el contacto de las redes sociales para seguir mi aventura.

Llegué al hostel y, después de tomar la ducha, cuando me preparaba para salir a cenar, pasé junto a un grupo de gente que estaba en el hostel confraternizando y bebiendo tequila y cerveza. En el grupo había mexicanos, una uruguaya, un argentino, dos alemanes y una neerlandesa, el nuevo nombre de una holandesa. Ellos insistían en que me quedara a tomar una copa y yo diciendo que iba a cenar, pero bueno, me tomé la primera cerveza y después un tequila, otra cerveza, otro tequila y unos cuantos shots más de tequila y cerveza.

Resumiendo, se bebieron 3 botellas de tequila y unos packs de cervezas y salimos del hostel, ya eran las 22:30, todos bien bebidos, directos al Bar Santini para una noche de fiesta que terminó a las 4 h para mí, la neerlandesa y la uruguaya, los últimos resistentes. Todavía paramos en otro bar para terminar la fiesta y, de vuelta al hotel, todavía paramos en el supermercado, que aquí están abiertos 24 h, para comprar algo de comer.

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