Hoy fui temprano al City Palace Udaipur, donde pasé la mañana. Llegué justo a la apertura y estuve bastante tiempo solo, pero cuando salí ya había un gentío.
El Palacio fue fundado por Maharana Udai Singh II en 1559 y empezó a construirse como una fortaleza. Por dentro parece más una especie de laberinto lleno de pasillos y escaleras en varios niveles diferentes, que decían que era para confundir a posibles invasores. Este es uno de los mayores palacios de Rajastán y testigo de la historia de la dinastía Mewar.
Después de la mañana en el Palacio fui a mi hostel, que estaba al lado, a comer un egg bhurji antes de empezar la tarde de visitas.
Salí hacia la ciudad vieja de Udaipur, donde no se ven turistas sino habitantes locales. Pasé por la torre del reloj y por las calles de alrededor, donde se hacía todo tipo de negocios y para ello cualquier cubículo servía, por pequeño que fuera. Muchos negocios se hacen sentados en el suelo y, cuando no hay cliente, algunos aprovechan para dormir, ya sea tumbados o sentados.
Luego fui al parque de las Rosas, el Gulab Bagh, donde hay una estatua de Gandhi, la biblioteca Rajkiya Saraswati Bhavan y el pequeño museo Navlakha Mahal, que visité. En la entrada estaba representado el árbol de la verdad, que tenía 4 libros grandes que simbolizan los 4 Vedas y otros libros más pequeños que representan los mantras.
En la cultura india, sobre todo en el hinduismo, hay cuatro Vedas principales (Rig, Sama, Yajur, Atharva) que son como biblias. Dentro de ellos y de otros textos, como los Upanishads, existen miles de mantras (frases sagradas u oraciones).
Dentro del museo había también 16 escenarios que retrataban momentos de la vida de un indio, desde el nacimiento hasta la muerte, y además una pequeña exposición de pinturas.
Por la noche fui a cenar a The Sky Lounge y comí arroz biryani con verduras y, cuando iba de camino a mi hostel, me topé con un joven que quería venderme globos y martillos de plástico. Justo acababa de comprar 2 paquetes de galletas y acabé regalándole uno, y él acabó sentándose en una scooter que había por allí, comiéndose las galletas, y yo seguí mi camino.
Así me despido de Udaipur, conocida como la “ciudad de los lagos” o también como la “Venecia de Oriente”.