Hoy tuve que madrugar para ir con conductor privado hasta el aeropuerto. Ya iba yo muy lanzado a ver si volvía a pasar desapercibido con mi exceso de equipaje, pero esta vez me pillaron: esos aeropuertos tan pequeños tienen ese inconveniente, muy poca gente, y un portugués solo entre los indios llama la atención.

Allá fui al mostrador y, como ya sabía, llevaba más de los 7 kg permitidos, eran 9,5 kg, pero resultó que el billete, aunque barato, incluía también maleta facturada de 15 kg, asunto resuelto. El vuelo de 1 h 30 min fue muy tranquilo y además me dieron un tentempié vegetariano y agua durante el viaje.

Al llegar a Mumbai fui a la cinta a por mi mochila y fueron saliendo maletas hasta que la pantalla dijo “equipajes entregados”. Yo y otros 2 o 3 estábamos sin las mochilas, pero ni hizo falta ir a hablar con nadie, enseguida vino un empleado a preguntarme si me faltaba equipaje y, con una simple llamada, apareció, junto con las otras que faltaban. Por lo visto dejan las mochilas para el final y las ponen en bandejas al terminar la entrega de las maletas.

Con la mochila a la espalda fui a coger el metro por 70 rupias hacia el sur de Mumbai, a la zona de Colaba. El trayecto aún tardó 45 min y otros 15 min andando hasta el hostel, donde me recibió el dueño con aire de general, que tenía casi un pelotón de empleados detrás del mostrador de recepción a los que daba órdenes.

Después de dejar las cosas en el hotel y descansar un poco, fui a dar una vuelta por Colaba Road, ya hacía 29 grados, parece que por aquí no voy a necesitar el abrigo. Probé un Sukha bhel en la calle, con frutos secos y especias, y estuve un rato charlando con un joven que salía del colegio, donde había hecho un examen, y con el vendedor callejero.

Luego fui a ver el sunset al Cuffe Parade Park, junto al mar Arábigo, y caminé por la ciudad por en medio de una gran avenida que tenía a un lado edificios y bonitos jardines y al otro un barrio de pescadores.

Acabé comiendo un Bread Pakoda, que es un pan frito indio con puré de patata y especias, y unos kachori, que son bollitos rellenos de lentejas y especias.

Terminé la noche recorriendo el animado paseo marítimo de Marine Drive, que estaba lleno de gente, y volví al hostel en bus, que me costó 12 rupias.

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