Mumbai: la isla de Elefanta y Bollywood
18 ene. 2026
Por Romeu MaiaEsta mañana fui hasta la Puerta de la India en Mumbai, que está junto al famoso hotel Taj Mahal Palace, para coger a las 9 h el ferri por 290 rupias a la isla de Elefanta.
La isla alberga las milenarias Cuevas, que son templos excavados en la roca. Las grutas están clasificadas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1987 y se estima que fueron construidas entre los siglos V y VIII. La escultura principal es la gigantesca Trimurti Sadashiva, una figura de 6 metros con los tres rostros del dios, que representan la creación, la preservación y la destrucción.
Existía un gran elefante de piedra que hizo que los portugueses le dieran nombre a la isla, pero cayó al mar cuando los portugueses intentaron llevárselo con ellos, y siglos después fue rescatado por los británicos y hoy está en un museo.
En el lugar había una serie de guardias de seguridad que andaban haciendo de fotógrafos, sacando fotos muy elaboradas para ganar unas monedas extra con las propinas.
Después de explorar la isla, volví a Mumbai ya a primera hora de la tarde y fui a visitar el Museo del Cine, es que Mumbai tiene una gran industria cinematográfica, Bollywood, como se la conoce, con grandes estudios.
Seguí luego camino hasta el Templo Hindú de Shri Mahalakshmi Devi, que estaba repleto de personas con cestas de flores y comida para ofrecer a los dioses. A la salida acabé parando en un tenderete a comer una mini pizza llamada Uttapam, que me costó 100 rupias con propina incluida.
La siguiente parada fue la mezquita musulmana de Haji Ali Dargah, que está justo junto al mar en una especie de península, donde me encontré un mar de gente caminando hacia allí.
Ya de noche fui a recorrer la pasarela elevada de madera de Malabar Hill, que atraviesa un mini bosque y ofrece vistas del mar Arábigo y de la playa de Chowpatty.
Terminé allí la noche caminando por la arena, donde había familias jugando, haciendo picnic, unos mojándose los pies en el agua y otros en los restaurantes improvisados con alfombras en el suelo y camareros con el menú en la mano apuntando pedidos y otros con escobas para limpiar la mesa, en este caso la alfombra, cada vez que alguien se iba, para que quedara limpia para el siguiente cliente.
En los puestos quien triunfaba era el Pani Puri, que es un aperitivo crujiente con una cáscara hueca (puri) rellena en el momento con puré de patata, garbanzos, condimentos (como chaat masala) y un agua aromatizada (pani) picante y ácida, hecha con menta, tamarindo y especias, que se sirve y se consume de un solo bocado, proporcionando una explosión de sabores y texturas.