El día siguiente a la llegada a Santiago de Compostela fue tranquilo. Me levanté y me acerqué a recoger el certificado (5 € con la indicación de los km recorridos y estuche) de la conclusión del Camino de Santiago desde Oporto y por el Camino de la Costa, que por lo visto tiene un total de 280 km, sin contar la variante espiritual que hice y todas las caminatas en los ratos libres por los lugares por donde pasé y me quedé a pernoctar. En total, y por lo que contó Natalie de la app que tenía, fueron 417 km recorridos.

Ya con el certificado en la mano, desayuné en el café Gaiola. Luego di una vuelta por las calles del casco histórico de Santiago alrededor de la Catedral.

Aproveché para comprar y escribir una postal para mi amiga Cécile, con quien suelo hacer este intercambio de postales. Ella también me había enviado hacía poco una postal de su último viaje.

Luego me pasé por correos a comprar un sello y a la salida estaban preparando una carrera de chapas, a la que asistí.

Por la tarde cogí el autobús 7 desde la Plaza de Galicia hasta el Parque del Monte do Gozo, en las afueras de Santiago, para ver el monumento al Peregrino. Desde allí también pude ver la ciudad y las torres de la Catedral de Santiago.

Después volví en autobús a Santiago y me acerqué a recoger la mochila al Mundo Albergue, donde me había quedado la noche anterior pero que hoy estaba completo, y cogí el autobús C11 para ir al Albergue Fin de Camino, que estaba más lejos del centro.

La tarde fue de ahorrar pies, el autobús en Santiago cuesta 1 € por viaje y por eso aproveché. Por suerte mis pies están bien, no he tenido problemas, no puedo decir lo mismo de las zapatillas, que van llenas de cinta.

Ya en el autobús camino del albergue empezó a llover y tuve que ponerme el equipo de lluvia, que solo había sacado una vez de la mochila para un mini simulacro y que básicamente ahora usé para cruzar la calle desde la parada del autobús hasta el albergue, unos 100 metros. Después de instalarnos volvimos en autobús a la ciudad y la lluvia ya se había ido.

Quedamos para una última cena con los peregrinos que todavía estaban aquí y fuimos al Bar Corunha, donde comimos calamares, por los que el bar es famoso. Para terminar la noche, una última cerveza sin alcohol en una terraza del centro de Santiago.

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