Viana do Castelo – A Guarda (32 km)
18 may. 2023
Por Romeu MaiaHoy el día empezó temprano: a las 5 de la mañana me levanté y fui a preparar el desayuno para tres, que era digno de un hotel.
Luego nos pusimos en camino junto a la costa, con la intención de quedarnos en el albergue de Caminha. Seguí por la Ecovia Litoral Norte, con pasarelas, tierra apisonada, un pequeño bosque, arbustos, unos molinos y mucha agua.
Por el camino, ya cerca de Afife, Anastasia, João y yo nos encontramos con Anne y Federia, con quienes seguimos la caminata.
Al llegar a Vila Praia de Âncora hicimos la pausa de la mañana en la Confeitaria Petinga Doce, cuando entró en la confeitaria Cláudia, con quien había cenado el día anterior, que pasó por allí, nos vio y se unió a nosotros.
Al retomar el camino me encontré con Mariola, la sueca que había conocido el primer día y a quien le había dado una credencial para poner los sellos que confirman que estamos haciendo el Camino de Santiago. Vino corriendo a darme un abrazo y le contó al grupo cómo nos habíamos conocido.
El camino es justo eso, está hecho de varios encuentros y reencuentros que van sucediendo con naturalidad sin planificar, cada uno sigue a su ritmo y por el camino que ha elegido.
Después seguimos hasta Caminha. El calor ya se dejaba sentir, menos mal que estaba la brisa del mar para mantenernos más frescos.
Hoy las iglesias andaban fuera de mi camino, pero justo al llegar a Caminha encontré una pequeña capilla donde cumplí el único ritual del día.
Después, ya en Caminha, cuando iba en dirección al albergue, se paró un señor que venía en un jeep junto a nuestro grupo. Hablaba un portuñol que muchos no entendían y tomé la iniciativa de dirigir las negociaciones. El señor organizaba travesías en barco por el río Miño y preguntó si queríamos cruzar ya a España y dijo que el precio por persona era de 6 € pero que lo dejaba en 5 €.
Aunque estábamos cansados y sabíamos que el albergue en España quedaba todavía a 5 km de distancia, la mayoría decidió cruzar, solo Cláudia se quedó en Caminha porque ya había reservado una noche en un hostel y al día siguiente iba a Valença para seguir por el camino interior.
El hombre pidió los 5 € a cada uno y nos dijo que anduviéramos 500 metros hacia atrás que iba a llamar para que el barco nos viniera a buscar. Yo dije enseguida que solo pagaba cuando viera el barco y así fue. Solo cuando los 7 que decidimos cruzar estuvimos en el barco pagamos e hicimos después una rápida travesía hasta el arenal de la playa desierta de Lâmina.
Parecíamos una banda de clandestinos desembarcando.
De la playa seguimos hasta A Guarda, un pequeño pueblo a la orilla del mar donde estaba el primer albergue de peregrinos. Ya eran las 17 h cuando llegamos, por el camino extra que hicimos y la hora extra en España.
Después de instalarme y ducharme, di una pequeña vuelta por la ciudad.
La cena fue en el Restaurante Xantar, con tortilla de verduras de primero, chuleta de segundo y, de postre, un crepe de crema. Luego terminé la noche en el Art Bar con una cerveza y una tapa antes de recogerme en el albergue para el merecido descanso.
Mañana el día va a ser más tranquilo, una etapa más corta para recuperarme de los 32 km de hoy.