Hoy es día de decir “Adiós” a Mumbai y “Hola” a Varanasi, ya cerca de la cordillera más alta del mundo, el Himalaya. Voy a cruzar de la India occidental a la India oriental, unos 1500 km hechos en 2 h 20 min de avión.
La ciudad de Mumbai es una aldea de pescadores que se transformó en una metrópolis global, un testimonio visual de siglos de comercio, colonización e identidad cultural. Es una ciudad de mucha gente, mucho tráfico, en un desorden organizado a su manera. Ellos se entienden, lo cierto es que todavía no he visto accidentes, ni discusiones en la calle.
El pueblo indio es en general tranquilo y me he sentido muy seguro y tranquilo por aquí. Siempre hay curiosos que vienen a preguntar de dónde soy y Cristiano Ronaldo siempre sale a relucir, otros quieren sacarse fotos y con algunos que hablan mejor inglés voy intercambiando unas palabras. No todos hablan inglés y muchos de los que lo hablan tienen un acento muy difícil de entender.
También hay siempre quien se acerca de forma simpática, pero con la intención de intentar colárnosla o venderte algo al triple de precio, aunque ya empiezo a tener idea de los precios y de cómo tratan a los turistas.
Ayer una mujer se cruzó conmigo en el paso de peatones y me preguntó: “¿Qué haces por aquí?” Estaba admirada de ver a un portugués solo por aquí tan relajado. Un vendedor también me dijo que era un buen negociante, en el momento en que cerrábamos el trato de los souvenirs.
Aquí se ve mucho turista indio en general, el país es grande y hay mucho turismo interno, el país de norte a sur y de este a oeste es muy diferente y el salario indio no permite a la gran mayoría viajar al extranjero. Tampoco me he cruzado con muchos turistas europeos, quizá por viajar también en temporada baja, pero ha sido bueno, ya hay gente de sobra por aquí.
Los indios viven mucho en la calle y del comercio y se pasan el día picoteando en las cocinas improvisadas colocadas en cualquier rincón de la calle. Se come a cualquier hora del día, y son sitios donde la gente se junta para conversar y comer las delicias locales.
Conviene evitar comer todo lo que esté crudo, como fruta ya pelada y ensaladas, porque lo más probable es acabar pillando alguna bacteria y estropear unos días de viaje.
Yo he ido picoteando bastante en la calle, donde se come por menos de 1 €. No pensaba comer tanto en la calle antes de venir por la mucha suciedad y poca higiene que hay por aquí, pero en sitios que veo mínimamente presentables (para el nivel indio) y con mucha gente alrededor de la “cocina”, que es señal de que la comida es buena, me he arriesgado, pero siempre con alimentos cocinados en el momento o mezclas de cereales y especias, y hasta ahora ha ido bien y ya he probado varias de las delicias callejeras locales, tales como:
- Pani Puri (aperitivo crujiente con una cáscara hueca, rellena de puré de patata, garbanzos y un agua aromatizada)
- Samosa (empanadilla triangular de patata/guisantes)
- Kachori (bollito relleno de lentejas y especias)
- Pakora (verduras o pimiento fritos en masa)
- Aloo Tikki (buñuelos de patata fritos)
- Pua (masa dulce/salada con salsas)