El viernes salí temprano de Mérida para pasar 2 noches en la isla de Holbox, el viaje fue largo y todavía tuve que cruzar en ferry de Chiquilá a la isla de Holbox. Al llegar, todo estaba yendo bien y los preparativos para los festejos de carnaval listos.

Yo estaba en la habitación arreglando las cosas para luego salir cuando empieza a caer otro de esos diluvios iguales a los de los primeros días en Cancún, debe de ser por estar por ahí cerca de nuevo. Afortunadamente fue solo una hora, al cabo de la cual, a pesar de que las calles estaban inundadas en algunos sitios y llenas de barro en otros, pude salir e ir a ver la fiesta.

Aquí no hay asfalto en la carretera y todos andan en carritos de golf, de los normales u otros que parecen más bien unos jeeps todoterreno. La tierra apisonada tiene sus pros, pero también sus inconvenientes, fui a la fiesta con chanclas, que no dejaban de quedarse pegadas en el barro (más valía haber ido descalzo), y al final de la fiesta, cuando llegué a casa, tenía la ropa toda salpicada de barro.

Algunos grupos de baile iban circulando por las distintas calles, cada uno con su música, y había un escenario principal donde un grupo musical estuvo animando la noche. Después presentaron al Rey y a la Reina del Carnaval de Holbox y la noche continuó con música y animación por las varias calles del lugar.

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