El sábado fui muy temprano por la mañana a caminar por la playa en dirección a Punta Mosquito. El camino lo hice más por los bancos de arena que se forman en el agua que por la orilla. Pero a mitad de camino, en la Playa Mosquito, descubrí que la zona es una reserva natural protegida y que no es posible avanzar hasta allí. En el camino hasta allí vi varias aves e incluso una pequeña raya y, al llegar, todavía tuve la suerte de ver un flamenco rosa que andaba por allí en los límites de la reserva.

Pasé allí la mañana disfrutando de la playa y observando algunas aves e incluso encontré en la playa un corazón con mi nombre. El pelícano era quien más se hacía notar, un exhibicionista, alternaba entre unos vuelos rasantes sobre el agua y un vuelo a unos 10 metros de altura para luego lanzarse en picado al agua para intentar atrapar un pez.

Por la tarde, ya después de haber regresado al centro de Holbox para almorzar y ver los ensayos que ya estaban en la calle, me fui al otro lado de la isla. Punta Coco fue el destino donde continué mi día de descanso en la playa hasta ver la puesta de sol. Había ido preparado con algo de comer y beber, porque allí los precios eran elevados: una chica del hostel me había dicho que había pagado 100 pesos/5 € por un mango y después lo confirmé cuando vi a una persona pagar 200 pesos/10 € por una piña. Cayeron en el error de pedir antes de preguntar el precio, que aquí no se debe hacer.

Acabé quedándome por la zona hasta las 21 h para poder ver la bioluminiscencia que ocurre por allí ya de noche. La luz que aparece en el agua la crean unos organismos vivos que se encuentran allí dentro del agua y, cuando se mueve el agua, se ven unas luces azules aparecer dentro del agua. La época del año no es la ideal, pero se pudo entender de qué se trataba.

Después volví al hostel ya de noche cerrada por un camino sin luz, me fueron valiendo algunos carritos de golf que iban pasando y algunas personas con linternas que iban más preparadas que yo al lugar donde ocurría la bioluminiscencia, para ir iluminándome el camino de vuelta.

Por la noche fui a cenar y a ver la fiesta de carnaval que se celebraba por la calle, con algunos carritos de golf tirando de remolques abiertos que traían a la banda con los músicos y que venían con unas 20 bailarinas vestidas de gala para la ocasión. Iban circulando y parando en distintos lugares, donde enseguida se aglomeraba la gente para ver los espectáculos de música y baile.

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