Bacalar y el paseo en velero por la laguna
11 feb. 2023
Por Romeu MaiaEl sábado 11 me levanté temprano otra vez para estar en el sindicato de taxistas de Tulum a coger el bus colectivo hacia las 8 h para tener la seguridad de que había sitio. Después de reservar sitio en el bus con el conductor, y como la salida a Bacalar era solo a las 9 h, fui a desayunar a la terraza de un café al otro lado de la calle.
El viaje costó 180 pesos (9 €), la mitad del precio de los autobuses de 50 plazas de la compañía de transporte ADO que usa la mayoría. El viaje fue de casi 2 h 30 a velocidad acelerada y con un contratiempo a mitad de camino que nos obligó a parar, pero no fue nada del otro mundo, solo unos rayones en el vehículo. Es que en una zona de la carretera donde había obras apareció en medio de la vía uno de esos separadores centrales que, afortunadamente, era de los de plástico y no de cemento, que debió de llevarse un golpe de otro coche y se quedó allí en medio de nuestro carril.
Al llegar a Bacalar, tenía que encontrar alojamiento. Había visto en el mapa que el lugar era pequeño y con varios alojamientos junto a la plaza central, pero no había reservado nada. En el camino desde la parada del bus hasta el centro, encontré sitio donde quedarme, fue en el Yaxche Hostel y Camping, donde reservé para 2 noches por unos 20 € la noche.
Una vez hecho el check-in fui hasta la plaza central de Bacalar para comer algo y cuál no sería mi sorpresa al ver que aquí se está celebrando el Carnaval este fin de semana. Di una vuelta por las tiendas y me paré junto a Mónica, que estaba haciendo atrapasueños, y estuvimos un rato hablando sobre los sueños, que es algo que todos tenemos, pero que yo nunca recuerdo. Después pasé junto al fuerte y bajé una escalera que daba a la Laguna de los 7 Colores.
Eran las 15:30, andaba yo viendo qué actividades podía hacer en la laguna, ya pensando en qué iba a hacer al día siguiente. Entre ellas había desde kayak, paddle, windsurf o paseos en barco a motor o a vela. Fue ahí donde me crucé con la alemana Sarah y decidimos hacer un paseo en velero por la laguna que empezaba en breve. Sarah venía preparada con bolsa, toalla, bañador y yo una vez más, como pasó en el cenote, solo con lo puesto y tuve que ir otra vez al agua en calzoncillos.
Durante el paseo pudimos ver 3 cenotes, el Negro, el Esmeralda y el Cocalitos, también fuimos al Canal de los Piratas y a la Isla de los Pájaros, adonde emigran algunas cigüeñas que vienen de Canadá en invierno para tener aquí a las crías y después, ya en primavera, cuando estas ya están preparadas, vuelan de regreso a Canadá.
El paseo fue precioso, muy tranquilo, solo interrumpido a veces por algún barco a motor que pasaba por allí. Hablé con el capitán Benito, que comandaba el velero, y le dije que deberían acabar con los barcos a motor, a lo que me respondió que ya existía esa conciencia y que cada vez había más capitanes cambiando las embarcaciones de motor por veleros. En el paseo también estaban incluidas bebidas y frutas que el capitán preparó y sirvió.
El lugar fue perfecto para tener 2 días más tranquilos, en un sitio más sosegado a mitad de mi viaje. Ya al final de la tarde y del paseo el capitán ancló la embarcación durante media hora para que viéramos el sunset, el primero que veía en México.
Al dejar el barco y dirigirme a la avenida principal, estaba justo allí empezando el desfile de las carrozas, delante venían el Rey y la Reina, que iban tirando cosas a la gente que miraba, y enseguida me tiraron una pelota de plástico roja que luego le di a un niño.
Después de ver el desfile, volví a mi hostel para descansar un poco y darme una ducha para luego salir a cenar. Pero de repente se levanta un viento fuerte y de la nada cae una lluvia torrencial que duró cerca de 1 h, lo suficiente para estropear la fiesta al aire libre en la plaza. En el alojamiento iban llegando con cuentagotas las personas que habían sido sorprendidas por la lluvia, todas empapadas.
Yo esperé tranquilamente y secuito en mi cama a que la lluvia parara y salí después a cenar al Mister Taco y a tomar una copa al bar La Catrina, pero ya andaba poca gente por la calle y hacia la 1:30 volví al hostel, para levantarme temprano y ver el amanecer en la laguna.